Durante mucho tiempo, vivir en el sur de Córdoba ha sido sinónimo de estabilidad. Casas familiares, precios accesibles y pueblos donde quedarse no era una decisión complicada garantizaban un horizonte de calidad de vida nada desdeñable para cualquier persona o familia. Hoy, los datos y las tendencias de los mercados demuestran que esa visión idílica comienza a desdibujarse.
Y no precisamente por el encarecimiento descontrolado del sector inmobiliario que viene experimentándose en las grandes ciudades, sino por algo más sutil y, a la vez, más determinante: cada vez es más difícil acceder a una vivienda, incluso en entornos donde, en apariencia, todavía es barato vivir.
Una paradoja evidente que deja a las claras esta realidad fácilmente observable y que padecen cada vez más personas, dando lugar a un problema social del que no escapan las zonas rurales.
El alquiler, un mercado cada vez más inaccesible
Los datos sitúan el precio medio del alquiler en la provincia de Córdoba en torno a los 9,3 euros por metro cuadrado, con una subida cercana al 5% en el último año, según los últimos informes del portal inmobiliario Idealista.
En el sur de la provincia, esa media se reduce ligeramente. En la Subbética, el alquiler se sitúa en torno a los 7,5 euros por metro cuadrado, mientras que en la Campiña Sur ronda los 7,2 euros por metro cuadrado, cifras también extraídas de los registros de mercado disponibles en plataformas especializadas.
Sin embargo, el problema trasciende del precio para situarse en la propia oferta. Actualmente, apenas hay unas pocas decenas de viviendas en alquiler disponibles en cada una de estas comarcas, lo que convierte el acceso a una vivienda en régimen de alquiler en una cuestión de disponibilidad más que de capacidad económica.
De hecho, se da la circunstancia de que en algunos municipios de nuestro entorno, directamente, no hay mercado de alquiler.
De Lucena a Valenzuela: dos realidades en el mismo territorio
El comportamiento del mercado varía en función del municipio, pero el patrón general se repite: donde hay actividad económica, hay más presión; donde no la hay, hay menos oferta, pero también menos opciones reales.
En Lucena, uno de los principales motores económicos de la Subbética, el precio de una vivienda puede oscilar entre los 80.000 y los 160.000 euros, con un mercado relativamente dinámico. Algo similar ocurre en Puente Genil, donde el precio medio se mueve entre los 900 y los 1.100 euros por metro cuadrado, según estimaciones del propio sector inmobiliario.
En el otro extremo, municipios como Baena o Valenzuela permiten encontrar viviendas desde los 18.000 o 20.000 euros. Pero esa aparente oportunidad encierra matices importantes: en muchos casos se trata de inmuebles que requieren reformas profundas o que no están en condiciones de habitabilidad inmediata.
Entre ambos extremos se sitúan localidades como Cabra, Priego de Córdoba o Rute, donde el precio medio de una vivienda se mueve entre los 60.000 y los 130.000 euros, con diferencias notables según ubicación, estado del inmueble y tipología.
El resultado es un mercado heterogéneo, pero con un denominador común: no siempre es fácil encontrar una vivienda lista para entrar a vivir en el momento en que se necesita.
Como consecuencia directa, este mercado inmobiliario encarecido y tensionado en la modalidad de compra sitúa el verdadero cuello de botella en el alquiler. Con un número de viviendas disponibles muy reducido -inexistente, en muchos municipios- se genera una situación especialmente compleja para jóvenes, trabajadores desplazados o familias que no pueden o no quieren, como opción habitacional, acceder a la adquisición de una vivienda en propiedad.
Las causas de este deterioro del alquiler son diversas y abarcan desde el gran número de viviendas vacías que no se incorporan al mercado, hasta la falta de seguridad o incentivos para los propietarios, la irrupción de usos turísticos o temporales -segundas residencias- para estos inmuebles o la simple preferencia de los propietarios por la venta frente a la opción de alquilar.
El resultado: un mercado prácticamente bloqueado.
¿La juventud 'se va' o 'no puede quedarse'?
Esta situación conecta directamente con la transformación demográfica del territorio. Como ya analizábamos recientemente en TV Centro Andalucía con un reportaje sobre la evolución de la población en el sur de Córdoba, la pérdida de jóvenes no responde únicamente a la falta de empleo, sino también a la dificultad de desarrollar un proyecto de vida completo en el territorio.
Y en esta ecuación, la vivienda es un factor fundamental. Sin alquiler, sin oferta suficiente y con un mercado poco flexible, muchos jóvenes optan por retrasar su emancipación o, directamente, buscar alternativas fuera. Tan crudo como real: no siempre se marchan por elección, sino porque no encuentran opciones dignas, coherentes y asequibles para quedarse.
En un contexto en el que la población envejece y la base joven se reduce, el debate ya no es si la vivienda es cara o barata. Más bien, si es accesible. Y en ese punto, la respuesta empieza a ser menos clara de lo que lo era hace apenas una década.
El sur de Córdoba sigue siendo, en muchos aspectos, un territorio donde vivir. Pero mantener esa condición dependerá, en gran medida, de cómo evolucione su mercado de vivienda en los próximos años.
Porque, al fin y al cabo, la pregunta es la misma que ya planea sobre la demografía: ¿quién puede quedarse y en qué condiciones?